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Dos
actitudes
Todas la citas bíblicas son tomadas de la versión Reina-Valera
1989
Comparemos las actitudes de dos personas que se encontraron con
Jesús. La primera se
apartó del Señor triste. Es
un hombre al que se le
ha llamado tradicionalmente “el joven rico”.
Aparece en Marcos 10:17-27. Sin embargo, en el texto de
Marcos no se menciona que fuera
joven. Llamémosle Richy. La segunda persona, es el ciego
Bartimeo. Este luego de recibir el milagro que pedía, se fue
siguiendo al Señor. Hay en el acercamiento al Señor
Jesús dos actitudes diferentes que llevan a un resultado
igualmente distinto.
La
pregunta equivocada
Richy
se acerca a Jesús con la pregunta equivocada que muestra su
manera de pensar y de vivir, una actitud de vida.
Ricky le preguntó:
—Maestro bueno, ¿qué
haré para obtener la vida eterna?. El
centro de esta pregunta es el qué
haré. Esta
es la pregunta de alguien que piensa que no ha hecho suficiente,
que está falto de obra, que no tiene completa paz para con Dios.
Jesús le contesta que guarde la Ley (verso 19 en Marcos 10).
Ricky le dice que ha guardado los mandamientos desde su
juventud. Desde que
era joven ha sido irreprensible en cuanto a la Ley.
Jesús lo mira con amor. El Señor no niega que el hombre
era perfecto en guardar los mandamientos, era fiel discipulo de
Moisés, irreprensible. Ricky
no mentió.
Aún
siendo íntegro en cuanto a la Ley, no se sentía seguro de su
salvación. Una
persona solo recibe convicción por medio de la fe, no por el
hacer.
Richy no llegó a Jesús con fe y verdadera humildad
diciendo: ¡Señor Jesús sálvame! Sino preguntó qué más
podía hacer para saberse o sentirse salvo. Llama Maestro al
Señor porque no reconocía al que es Emanuel, Dios con nosotros,
el Señor. Solo lograba ver al hombre, no tenía fe para ver
más allá en él . No le llamó Señor.
Richy no tenía necesidades materiales, no se dice que tuviera
enfermedad alguna. La Ley no le acusaba. Con todo esto
Ricky vino a Jesús porque no estaba seguro. En lo íntimo
pensaría acerca de la muerte y cual sería su destino. El temor a
la muerte lo alejaba de la paz (Hebreos 2:14-15, 1 Juan 4:18).
Le faltaba la paz que da Dios por la fe, que es convicción de
salvación. Esta certeza era la que Richy anhelaba y buscaba
por la obras de la Ley. No la buscaba por la fe (Romanos
9:31-32).
Sus
obras no eran suficientes, no le traían la seguridad que deseaba,
sentía que le hacía falta hacer más.
Esa es la razón de su pregunta: ¿qué
haré para obtener la vida eterna? Jesús
le dice: Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; y
tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme.
Jesús iba a Jerusalén a morir por nuestros pecados y
darnos vida eterna. En
otras palabras, Jesús le dice que venda todo y que le siga a la
cruz. El se marcha triste, alejándose del salvador.
Jesús
habla entonces de lo difícil que es a los que tienen riquezas
entrar en el Reino de los Cielos. Nótese que habla de
entrar en el Reino de los Cielos no acerca de ser salvo.
Pero los discípulos entiende que es difícil salvarse. Piensan
que este hombre que es rico e irreprensible y ni así se puede
salvar, ¿quién, pues, puede salvarse?. Esto puede leerse
en Marcos 10:16 Pero ellos
quedaron aun más atónitos diciendo entre sí: —¿Y quién podrá
ser salvo?
La verdad es que nadie puede redimirse a si mismo, menos aún
salvar a otros, se necesita un milagro de Dios. Jesús dijo
que era difícil entrar en el Reino de los Cielos (ver en
Marcos 10:24). Pero acerca de la salvación su declaración
es aún más dura. Dijo que a los hombres les es imposible
salvarse, pero no para Dios (vea Marcos 10:27). Hacer algo
imposible es hacer un milagro. Se necesita un milagro de
Dios para salvar a cada uno. Para alcanzar un milagro se
necesita fe. Es por fe que la salvación viene a la vida de
cada persona.
En busca de la gracia
Bartimeo, el ciego, por otra parte, cuando oye que Jesús pasa,
grita pidiendo misericordia: ¡Jesús, hijo de David, ten
misericordia de mí! (Marcos 10:47 y 48).
Bartimeo significa hijo de Timeo. Bar se traduce hijo.
Timeo es el nombre el padre. Bartimeo mendiga junto al camino.
Está escrito: no he visto justo desamparado ni a su descendencia
que mendigue pan (Salmo 37:25). Se puede pensar que Timeo no
era hombre justo. No se puede asegurar porque no lo dice así
el texto de Marcos.
Se puede suponer que no tenía familia y si tenía, entonces lo
enviaron a pedir limosnas. No venía a Jesús con abundancia de
bienes porque era un mendigo, ni habló de su justicia. Solo
gritó suplicando y cuando lo callaron gritó más fuerte (verso
48). La fe de Bartimeo fue probada. Cuando clama por
primera vez, algunos que seguían a Jesús lo callaban.
Apagaban su ánimo. Pero no se dejó vencer por estos
“mata fe”. Perseveró. Gritó más fuerte. El
ciego no lo llama Señor, sino Hijo de David, que era lo mismo que
decir Mesías o Cristo. Era ciego y nunca había visto a Jesús,
como nosotros hoy tampoco lo hemos visto. Pero la fe viene
por el oír, creyó sin ver. Jesús respondió a la fe en
Bartimeo. Entonces Jesús
se detuvo y mandó llamarle. Llamaron al ciego diciéndole: —Ten
confianza. Levántate. El te llama (verso 49).
Aquellos que envió Jesús a llamarle le trajeron ánimo,
confianza.
Dicen los estudiosos que los ciegos en Judea usaban una capa que
los distinguía como tales. Cuando dijeron a Bartimeo que
Jesús le llamaba, mostró su fe tirando su capa. Sabía que
no la necesitaría más. Esta certeza es fe.
Bartimeo no pregunta ¿que haré? ¿qué debo hacer? Es Jesús
quien le pregunta. ¿Qué
quieres que te haga? El ciego le dijo: —Rabí, que yo
recobre la vista. Jesús le dijo: —Vete. Tu
fe te ha salvado. Al instante recobró la vista, y seguía a
Jesús en el camino. Al igual que Ricky llama Rabí a Jesús,
que se traduce maestro. Sin embargo, momentos antes había
clamado llamándole Cristo, Hijo de David.
No necesitó más su capa de ciego, ahora veía y seguía a Jesús.
De cierto os digo que
cualquiera que no reciba el reino de Dios como un niño, jamás
entrará en él (Marcos 10:15). Un niño solo pide y
confía en que su padre le proveerá. Bartimeo vino con la
sencillez de un hijo. Necesita aquello que solo papá puede
darle. Nadie más le puede dar la vista. Es un imposible
para los hombres. Un niño sabe que no puede satisfacer su
necesidad por si mismo, que nada puede hacer. El niño
confía totalmente en su padre. Así fue Bartimeo delante del Señor
Jesús. Pudo experimentar el Reino de Dios al ser como niño
para pedir y recibir. Sin obras ni bienes que ofrecer, puso
la fe, no se dejó desanimar. Apeló a la gracia y recibió
aquello que no merecía. Sin nada que dar, obtuvo su salvación
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